La curiosidad era insaciable. Buscaba
por todas partes asuntos con los que alimentarse. Siempre quería
más. Apetitosos platos de habladurías en vinagre, sugerentes
postres con los flirteos del vecindario, dulces y salados chismes,
cuentos recién horneados, líos en conserva...Un día, sin saber por
qué, no quiso volver a comer. Con el tiempo supimos que le habían
dado un bocado en su propia carne.
Ilustración: Nicoletta Ceccoli

5 comentarios:
Genial el micro que ilustras tan bien con esta imagen.
Besos
Puede que no exista nada tan amargo.
Hola, Inma:
¿Podrías escribirme a mi correo electrónico y te paso la dirección de Gustavo? Un abrazo.
Siembra vientos y recogerás tempestades.
También me gustó mucho.
Besos besos
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