Últimamente estoy viendo muchas películas, es algo que me gusta, y más ahora, que necesito tener la atención puesta en algo que no sea mi propia cabeza (...) Además, esta afición hace juego con el silencio y con mis cortinas.
Hace unos días fui al cine a ver
Gordos, de Daniel Sánchez Arévalo, que ha sido una de las tres películas finalistas para representar a España en los Oscar. Las otras dos son
Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet, que todavía no he visto, y
El baile de la victoria, de Fernando Trueba, que no se ha estrenado en mi ciudad, pero que estoy deseando ver. Ojalá que la candidata sea
Gordos, y me arriesgo a decirlo pese a no ver visto las otras dos, pero es que la película lo merece. Cuenta la historia de varias personas que tienen dos cosas en común: sobrepeso y miedo, y lo hace de una manera que a mí me parece magistral, perfectamente enlazada, mostrando a unos personajes que pueden ser tú mismo en tu propia vida, o tu vecina, o tu alumna, o tu novio, y lloras y ries, y cuando se acaba deseas volver a verla. Esto mismo me ocurrió con su anterior película:
Azul OscuroCasi Negro, que tuve que ver dos veces por imperiosa necesidad y que volvería a ver de nuevo sin ningún problema. Además , este d
irector de maravillosas historias tiene algo en común conmigo, él lo llama
pipipipipipipipi, yo no le he puesto nombre porque a lo mejor se me quita y prefiero no encariñarme. Los médicos le llaman
Acúfeno, pero realmente es una pesadilla que se cuela por el oído.
Le tengo especial afecto a este hombre y quiero que sea su película la que vaya a los Oscar.
Otra de las pelis que me ha dejado clavada en el asiento es
La Ola (Die Welle), de Dennis Gansel, que cuenta cómo un profesor hace un experimento con su alumnado para explicar el funcionamiento de la autocracia. Y no digo más, bueno sí: ¿Creías que no se podría repetir?
Esta noche, ¿cuál vemos?